Cada 6 de febrero, Naciones Unidas dedica una jornada a un objetivo que no admite excepciones: poner fin a la mutilación genital femenina. Es el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina, proclamado por la Asamblea General de la ONU en 2012 y observado por primera vez el 6 de febrero de 2013. No es una fecha para celebrar, sino para recordar a las millones de niñas y mujeres que han sufrido esta práctica, reconocida como una grave violación de los derechos humanos, y para reforzar el compromiso de prevenirla y erradicarla.
Historia y origen
La jornada nació de una larga movilización impulsada desde el continente africano, donde la mutilación genital femenina está más extendida, y de campañas de tolerancia cero promovidas por organizaciones de mujeres y agencias de Naciones Unidas. El 20 de diciembre de 2012, la Asamblea General de la ONU aprobó la resolución 67/146, que instaba a los Estados, al sistema de la ONU y a la sociedad civil a observar el 6 de febrero como día internacional y a intensificar las acciones para eliminar esta práctica. Desde 2008 funciona además el Programa conjunto UNFPA-UNICEF, la mayor iniciativa mundial para acelerar el fin de la mutilación, que trabaja sobre el terreno en 18 países de África y Asia junto a gobiernos y comunidades.
¿Por qué es necesaria esta jornada?
La mutilación genital femenina comprende todos los procedimientos que, por motivos no médicos, lesionan o extirpan de forma parcial o total los órganos genitales externos de la mujer. No aporta ningún beneficio para la salud: al contrario, provoca hemorragias, infecciones, complicaciones en el parto, dolor crónico y graves secuelas psicológicas, y en algunos casos causa la muerte. Se practica casi siempre en la infancia, cuando las niñas no pueden consentir. La jornada existe para dar visibilidad a un problema muchas veces silenciado, sostener el ritmo de las políticas de prevención e impulsar la meta del Objetivo de Desarrollo Sostenible 5.3, que fija la eliminación de la mutilación genital femenina para 2030.
Mitos que conviene desmontar
La mutilación genital femenina no está prescrita por ninguna religión: es una práctica de raíz cultural y social que se transmite por presión comunitaria, no por mandato de un texto sagrado. Tampoco es una tradición inofensiva ni un rito equivalente a otros: sus efectos sobre la salud están sobradamente documentados. A menudo se justifica como forma de control de la sexualidad, garantía de matrimonio o símbolo de pertenencia al grupo, pero ninguna de esas razones resiste el análisis de los derechos humanos. Conviene recordar que las familias que la perpetúan no siempre buscan hacer daño: muchas actúan convencidas de proteger el futuro de sus hijas, lo que explica por qué la educación y el diálogo con las comunidades resultan más eficaces que la mera prohibición.
Cómo se aborda en España y Latinoamérica
En España, la mutilación genital femenina es delito desde 2003 y se castiga en el artículo 149 del Código Penal con penas de seis a doce años de prisión. Además, la justicia española puede perseguirla aunque se practique en el extranjero, gracias a la reforma que introdujo la persecución extraterritorial en 2005. Los sistemas sanitario y educativo cuentan con protocolos de prevención y detección dirigidos sobre todo a familias procedentes de países donde la práctica es habitual, con especial atención a los viajes al país de origen. En Latinoamérica el fenómeno es minoritario, pero no inexistente: además del caso del pueblo Emberá en Colombia, preocupa su posible presencia en comunidades migrantes. El abordaje combina la protección de la infancia, la mediación intercultural y el trabajo con las propias comunidades.
Cómo contribuir a erradicarla
- Informarse con fuentes rigurosas y difundir datos veraces frente a los mitos.
- Apoyar a organizaciones que trabajan en la prevención y en la atención a supervivientes.
- Conocer los protocolos sanitarios y educativos y saber a quién avisar ante una situación de riesgo.
- Respaldar la educación de las niñas y el diálogo con las comunidades de origen.
- Exigir a las instituciones que mantengan recursos y formación para el personal sanitario, docente y social.
La tolerancia cero no es un eslogan, sino una meta medible: cada niña protegida hoy es una mujer que no cargará mañana con secuelas irreparables. Recordar esta fecha es comprometerse con un mundo en el que la integridad del cuerpo de las niñas no dependa del lugar donde nacen.
#ToleranciaCeroMGF #StopMGF #DerechosDeLasNiñas
Verificado por la redacción de Día Internacional
Revisado el
Fuentes