Es una práctica que no aporta ningún beneficio y causa un daño de por vida, y aun así la han sufrido cientos de millones de mujeres. El 6 de febrero se conmemora el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina, proclamado por la ONU para erradicar una grave violación de los derechos humanos.
¿Qué es y por qué se conmemora?
La mutilación genital femenina (MGF) comprende todos los procedimientos que dañan o alteran los órganos genitales femeninos sin razón médica. No tiene ningún beneficio para la salud: provoca dolor, hemorragias, infecciones y secuelas físicas y psicológicas de por vida. La ONU la considera una forma extrema de discriminación y violencia contra mujeres y niñas, profundamente ligada a la desigualdad de género.
Historia y origen del Día
La Asamblea General de la ONU adoptó en 2012 la resolución 67/146, que designó el 6 de febrero. Desde 2008, UNFPA y UNICEF lideran el mayor programa mundial para eliminar esta práctica, trabajando con comunidades, líderes religiosos y gobiernos para cambiarla desde dentro, no imponiéndola desde fuera.
Una práctica evitable, no una tradición intocable
La MGF se concentra en una treintena de países de África, Asia y Oriente Medio, donde a menudo se justifica por presión social o creencias erróneas. Pero no es inevitable: allí donde las comunidades han recibido información y las mujeres han ganado voz, la práctica retrocede. El abandono colectivo y voluntario, no la imposición, es lo que de verdad funciona. Cada niña protegida es una victoria concreta.
La realidad en España y Portugal
El fenómeno también llega a Europa con la migración, aunque de forma marginal. En España, más de 3.600 niñas están consideradas en riesgo, y existen protocolos sanitarios y educativos de prevención; los casos practicados en el país son excepcionales. En Portugal, los servicios de salud detectaron 254 casos en 2024, todos en mujeres que ya habían sufrido la MGF antes de migrar: ninguno se practicó en territorio portugués. El reto es prevenir, no estigmatizar a ninguna comunidad.
Un daño que dura toda la vida
La MGF no es un acto aislado: sus consecuencias acompañan a la mujer durante décadas. A corto plazo provoca dolor intenso, hemorragias e infecciones graves, y en los casos más extremos la muerte. A largo plazo deja complicaciones en el parto que ponen en riesgo a la madre y al bebé, dolor crónico, problemas urinarios y profundas secuelas psicológicas, como ansiedad, depresión o estrés postraumático. Por eso la Organización Mundial de la Salud la considera, además de una violación de los derechos humanos, un problema de salud pública de primer orden. La respuesta no puede ser solo legal: hace falta atender a las supervivientes, médica y psicológicamente, y acompañarlas sin juzgarlas. Países de acogida como España han empezado a incorporar esa atención especializada a sus sistemas sanitarios, reconociendo que detrás de cada caso hay una mujer que necesita cuidado, no estigma.
Cómo contribuir
- Infórmate con rigor y sin prejuicios sobre qué es y dónde ocurre.
- Apoya a las organizaciones que trabajan con las comunidades afectadas.
- Si trabajas en sanidad o educación, conoce los protocolos de prevención.
- Habla del tema con respeto, centrándote en los derechos de las niñas.
- Difunde la concienciación con #ToleranciaCeroMGF.
Ninguna tradición justifica el daño a una niña. El Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina recuerda que proteger su integridad y su futuro es una responsabilidad de toda la humanidad, y que la meta —cero casos— es alcanzable.
#ToleranciaCeroMGF